Cerebro y Mente, ¿iguales, distintos o sinónimos?


La naturaleza de la mente respecto del cerebro es uno de los grandes enigmas de la psicología y de la neurología, si bien algunas teorías dan por sentado que la mente no es existe hay pruebas que desmontan esa creencia. Para entender un poco más el tema hay que repasar las diferentes hipótesis y teorías sobre ello, empezando por los inicios de la psicología científica -aunque la discusión viene de más antiguo-.


En un principio la psicología de W. Wundt, padre de la psicología científica, se ocupaba de los problemas de la mente como realidad; pero con la llegada del Conductismo y su teoría de que la conducta funciona con el sistema “estímulo-respuesta” los procesos mentales son declarados por Skinner proscritos, se excluyen del campo de consideración del estudio psicológico.

Más allá van Gilbert Ryle y Carl G. Hempel, los cuales niegan totalmente la existencia de los procesos mentales. Ellos creen por tanto que el ser humano no es más que un ser físico, un ser sin trascendencia de espíritu y que todo se reduce al funcionamiento de los procesos biológicos.

La teoría conductista tiene el fallo de que las personas realmente no somos máquinas como los ordenadores que funcionan a respuesta fija ante un estímulo determinado, nosotros ante una situación idéntica actuamos y pensamos cada individuo de forma distinta y movidos por motivos diferentes, si bien podríamos actuar igual. Esto llevó a  J.J.C. Smart y David Armstrong a decir, para solucionar este dilema, que los procesos mentales son idénticos a los procesos cerebrales. Algo parecido a como funciona un ordenador, las señales eléctricas de sus circuitos son los procesos cerebrales y lo que vemos en las pantallas de nuestros ordenadores son los procesos mentales. Con esta idea ya se pueden sacar conjeturas interesantes, pero aun no ha llegado el momento de divagar.

Otro científico, John Eccles, fue todavía más lejos diciendo que la mente era una realidad distinta e independiente del cerebro.

La última teoría enunciada es de tipo emergentista, es decir, defienden que la mente es una propiedad que emerge del cerebro como la vida lo hace la materia orgánica.


Ya están presentadas las posturas que se han ido tomando con los años sobre el tema que nos ocupa, cada uno es libre de creer en la que quiera, ahora os presento mi propia hipótesis al respecto:

Primero he de decir que no soy ningún experto ni mucho menos en el campo de la neurología ni la psicología, sin embargo escuchando diferentes opiniones referentes al tema de autores, científicos y filósofos me atrevo a tener en consideración mi propia versión.

El cerebro es la representación física de la mente pero ambos tienen un grado de independencia, esto implica una relación de influencia recíproca entre uno y otro, aunque hace falta una definición de la mente en primer lugar. La mente es el conjunto de pensamientos y procesos mentales que coordinan nuestra conducta, y su parte independiente y la que realmente está en un plano superior es la conciencia. Ya puestos la conciencia es nuestra “voz interior”, la que dirige los pensamientos y gestiona las emociones, es nuestro Yo; el cual, marcado por las áreas inconscientes de nuestra mente representa nuestra personalidad. La conciencia digo que es independiente porque aunque a uno le asalten pensamientos o emociones siempre puede decidir seguirlos o no y en qué forma hacerlo, tal vez estos influyan en nosotros pero nunca de una forma determinante.

Con esta definición de mente vamos a continuar con el análisis de la afirmación con la que empezó el párrafo anterior. Es de todos sabido, supongo, que las hormonas tiene un papel crucial en nuestra conducta y que las personas presentamos comportamientos, gustos y preferencias distintas de acuerdo con una estructura diferente en cada caso del órgano pensante; con ello se podría decir que la mente no es más que el software del cerebro y que ésta es simplemente un conjunto de impulsos nerviosos al estilo de un circuito de ordenador. Sin embargo; hay varios argumentos para rebatir este pensamiento, pero me limitaré a poner de manifiesto la realidad de que los pensamientos conscientes modifican la estructura cerebral, de que un estado mental adecuado regula las ondas cerebrales -meditación- y que el inconsciente, sin advertirse fallos fisiológicos, causa trastornos como parálisis, diarrea, etc… o influye en el desarrollo de enfermedades. Esto sugiere que la relación cerebro-mente no es de un único sentido ni la mente un producto supeditado al encéfalo; la mente y el cerebro son dos realidades unidas pero a distintos niveles. Dicha unión es de inmensa complejidad y se vuelve todavía mas complicado si tenemos el alma en consideración, pero ese es otro tema.

Si se ponen los casos de enfermedades neurodegenerativas para argumentar la inexistencia o absoluta dependencia de la mente respecto del cerebro, lo rebato con que yo opino. Mi opinión es que al desaparecer el anclaje a lo terrenal la mente pierde la capacidad de manifestarse por falta del medio conector, y como las demás áreas mentales sin afectar por la enfermedad siguen con la unión al córtex, funcionan con la ausencia, y consecuente influencia, de la pérdida de la parte afectada. Si no me convence el argumento de estas enfermedades es porque se dan casos en los cuales, por ejemplo, pacientes de Alzheimer, gracias a la interacción y estimulación emocional de mano de una persona cercana, consiguen en muchos casos recuperar parcialmente la memoria y volver a poner “los pies en la tierra” por unos momentos en los que se deshacen de su demencia.

Lo mismo que la conciencia es independiente de la influencia cerebral a los pensamientos, el cerebro tiene funciones que no están determinadas casi nunca por los procesos mentales, tales como los encargados de mantener en funcionamientos los órganos vitales. Digo casi nunca por la influencia ocasional del inconsciente “intranquilo” y porque se dice -siento mi falta de concreción- que hay monjes budistas que ejercen tal control de su cuerpo que son capaces de parar su corazón. No sé si esto es del todo cierto o si simplemente tiene algo de verdad, pero quién no ha visto nunca a los monjes shaolines partir lanzas con la punta metálica en el pecho o la garganta en la televisión. No todo se puede medir y explicar con el ojo de la ciencia.

Espero que esta humilde reflexión os de que pensar a vosotros lectores y que os incite a investigar sobre el tema porque, para mí, plantea muchas cuestiones trascendentes y no son baladí las conclusiones que se lleguen a sacar. Mi tesis final es que la mente, siendo de mayor peso la conciencia, es el Yo consciente, razonador e inmaterial del individuo y que se vale, como medio de expresión en este mundo, del cerebro para desarrollar sus aspectos en el plano físico por así llamarlo. La naturaleza de dicha unión entre cuerpo y mente es tan estrecha que se dan conexiones e influencias más o menos marcadas entre una y otra entidad, ocasionando la multitud de paralelismos entre los procesos mentales y sinápticos.


En otro artículo expondré mi reflexión personal sobre el alma y el papel que ocupa en todo esto.

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